Ocho años después de su muerte, José Manuel de la Sota volvió a funcionar como un punto de encuentro -o un Punte- para dirigentes peronistas que hoy transitan caminos políticos diferentes. El homenaje realizado en el Hotel Savoy de Buenos Aires reunió a Martín Llaryora, Juan Schiaretti, Sergio Massa y dirigentes vinculados a Axel Kicillof, en una fotografía que excedió largamente la dimensión estrictamente emotiva del recuerdo.
La postal fue impulsada por Candelaria de la Sota, la hija mayor del exgobernador, quien aprovechó el aniversario de la muerte de su padre para relanzar Puentes, el ciclo televisivo que De la Sota estaba grabando cuando murió en septiembre de 2018. Ante unas 300 personas, la periodista puso el acento menos en la nostalgia que en la vigencia de las ideas de su padre.

“Pudimos lograr una variopinta presencia de los distintos sectores del peronismo”, señaló Candelaria, y vinculó deliberadamente esa convivencia con el espíritu político de De la Sota: la capacidad de dejar de lado diferencias para construir un espacio común. Su planteo no quedó solamente en el homenaje. “Es lindo recuperar el espíritu de tender puentes”, sostuvo, y reclamó creatividad y unidad frente a la coyuntura.
La lista de asistentes convirtió al homenaje en una suerte de mapa del peronismo no kirchnerista y de los sectores que buscan una nueva síntesis dentro del PJ. Estuvieron Llaryora, Schiaretti y Massa, pero también Carlos Bianco, dirigente de máxima confianza de Kicillof; Victoria Tolosa Paz; Juan Manuel Olmos; Juan Carlos Maqueda; Gerardo Zamora; Germán Martínez; Cecilia Moreau; Guillermo Michel; Rosana Bertone; Juan Manuel Urtubey y Felipe Solá, entre otros.

También dijeron presente figuras que exceden la estructura partidaria: el banquero Jorge Brito, los sindicalistas Luis Barrionuevo y Dante Camaño, los exembajadores Diego Guelar y Jorge Asís y el exdiputado Ricardo Alfonsín. Desde Córdoba llegaron, entre otros, Alejandra Vigo, Miguel Siciliano, Daniel Pastore, Ignacio García Aresca y dirigentes históricos del delasotismo como Herman Olivero.
“De la Sota siempre me emociona. Un líder moderno, distinto, que hizo de Córdoba esta Provincia pujante, industrial, la del PPP, la del boleto educativo, la de las escuelas, la de la justicia social y que hoy junto a Martín Llaryora y todo el equipo seguimos mejorando y avanzando. Me llena de orgullo saber que De La Sota es Cordobés, es nuestro y todavía a 8 años de su partida tiene tanto para aportar a la construcción de una Argentina mejor”, remarcó el ministro de Vinculación de Córdoba presente en el homenaje.
Una foto que dice más que el homenaje
La presencia simultánea de Llaryora y Schiaretti, después de mucho tiempo de caminos políticos separados, junto a Massa y dirigentes próximos al gobernador bonaerense, fue el dato que terminó dominando la noche.
Formalmente, desde el entorno del gobernador y del exmandatario cordobés buscaron quitarle dramatismo político al encuentro. La explicación fue sencilla: ambos fueron invitados a homenajear a De la Sota y era natural que concurrieran dirigentes peronistas de distintos sectores.

Y la imagen del Savoy mostró algo que el peronismo nacional todavía no consigue construir en términos orgánicos: un espacio donde puedan convivir el cordobesismo, el massismo, sectores del PJ nacional y dirigentes cercanos a Kicillof, sin que la conducción kirchnerista aparezca como eje ordenador.
En ese sentido, De la Sota volvió a cumplir, aunque sea simbólicamente, el papel que alguna vez intentó jugar en vida: el de un peronismo capaz de discutir con el kirchnerismo sin dejar de reconocerse parte de una tradición justicialista.
Natalia eligió otro escenario
Mientras Candelaria construía esa fotografía en Buenos Aires, Natalia de la Sota eligió homenajear a su padre en Córdoba. La diputada nacional participó en Río Cuarto del 25° aniversario del Centro Educativo Hebe San Martín de Duprat, una de las más de 500 instituciones escolares inauguradas durante las gestiones de su padre. Allí reivindicó la dimensión concreta de la obra delasotista y vinculó ese legado con una idea de política asociada a resolver problemas y responder a demandas sociales.

“Para mí significa una gran emoción y un gran orgullo cuando veo la obra real, la obra tangible de lo que De la Sota pudo hacer”, expresó Natalia durante el acto.
Su agenda continuó con visitas a los establecimientos productivos Spinella y Steel Tiger, donde puso el foco en la necesidad de fortalecer un modelo productivo capaz de generar respuestas para las familias cordobesas.
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El contraste con el homenaje porteño es inevitable. Natalia puso el acento en Córdoba, en la gestión y en la obra de gobierno de su padre. Candelaria lo hizo en Buenos Aires, en sus ideas y en la posibilidad de reconstruir puentes dentro del peronismo.
Dos homenajes separados para dos hijas que también parecen transitar caminos políticos diferentes. Natalia había sido invitada al encuentro del Savoy, pero no asistió. Desde su entorno explicaron que tenía una actividad previamente programada en Río Cuarto. Esa fue la explicación oficial.
Su ausencia, sin embargo, fue inevitablemente leída en clave interna. La diputada viene manteniendo distancia política con Llaryora y Schiaretti, una ruptura que quedó expuesta en las últimas elecciones legislativas, cuando decidió competir por fuera de la estructura electoral que conducía el exgobernador.
Por eso, mientras en Buenos Aires la memoria de De la Sota funcionó como puente entre sectores enfrentados, en Córdoba el mismo apellido sigue siendo parte de una disputa por la representación de su legado.
Candelaria y una búsqueda que excede a su padre
La pregunta es saber si hay un porqué que explique la particularidad del homenaje porteño. Candelaria no parece limitarse a preservar la memoria de su padre. En los últimos tiempos comenzó a construir una agenda propia, con Puentes como plataforma para recuperar las ideas de De la Sota y un nuevo ciclo de streaming, Tomar la Posta, que alimentó las versiones sobre una eventual incursión política, particularmente en la provincia de Buenos Aires.
Ella misma explicó que su intención es recuperar las ideas que su padre tenía al momento de su muerte porque considera que pueden aportar a los debates actuales del país. Entre esas preocupaciones mencionó el mundo del trabajo, la producción y la irrupción de la inteligencia artificial.

La frase elegida para cerrar el homenaje tampoco fue casual: un país con justicia social donde todos puedan trabajar, estudiar y progresar, dijo, sigue siendo posible.
A ocho años de su muerte, De la Sota volvió a reunir dirigentes que hoy tienen diferencias profundas sobre el rumbo del peronismo. Llaryora y Schiaretti compartieron mesa con Massa y con dirigentes cercanos a Kicillof. En Córdoba, Natalia reivindicó la obra de gobierno de su padre. En Buenos Aires, Candelaria puso en escena sus ideas y la necesidad de “tender puentes”.
La paradoja es que el homenaje logró reunir a buena parte de un peronismo disperso, pero las dos hijas del exgobernador lo hicieron desde lugares distintos.

