La Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó por amplia mayoría una declaración que reconoce a la trata transatlántica de esclavos como el crimen de lesa humanidad más grave de la historia. Argentina se ubicó entre los tres países que votaron en contra.
La Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas aprobó el 25 de marzo una resolución histórica. Esta declara a la trata transatlántica de esclavos y al sistema de esclavitud racializada de africanos como “el crimen de lesa humanidad más grave de la historia”. La iniciativa fue respaldada por una amplia mayoría de países, pero generó polémica porque tres Estados votaron en contra: Argentina, Estados Unidos e Israel.
La votación arrojó 123 votos a favor, 3 en contra y 52 abstenciones. Entre los países que optaron por abstenerse hubo varias potencias europeas, como Reino Unido y Alemania. Esto refleja las tensiones diplomáticas que suele generar el debate sobre la memoria de la esclavitud y sus consecuencias históricas.
Reino Unido se abstuvo, a pesar de su papel trascendental en el sistema esclavista
Entre los países que optaron por abstenerse estuvo el Reino Unido, una decisión que también generó debate por el papel histórico británico en el sistema esclavista atlántico. Durante los siglos XVII y XVIII, Gran Bretaña fue una de las principales potencias del comercio de esclavos y llegó a dominar gran parte de esa actividad. Se estima que barcos británicos transportaron alrededor de 3,1 millones de africanos esclavizados hacia América, principalmente hacia el Caribe y otras colonias del imperio.
El comercio formaba parte del llamado “comercio triangular” entre Europa, África y América: desde puertos británicos se enviaban manufacturas a la costa africana, donde se intercambiaban por personas esclavizadas; estas eran trasladadas a América para trabajar en plantaciones, y los productos obtenidos —como azúcar, tabaco o algodón— regresaban a Europa.
Aunque el Parlamento británico prohibió el comercio de esclavos en 1807 y abolió formalmente la esclavitud en sus colonias en 1833, el legado económico y social de ese sistema sigue siendo objeto de debate. En los últimos años, varios países africanos y caribeños han impulsado en foros internacionales reclamos de reparaciones históricas por el impacto de la esclavitud, una discusión que también influye en las posiciones diplomáticas actuales.
Asimismo, Alemania fue otro país que se abstuvo. Comerciantes, banqueros y marineros alemanes participaron indirectamente en el comercio de esclavos a través de compañías y colonias de otros países europeos. En el siglo XVII, por ejemplo, el estado de Brandeburgo-Prusia creó la Compañía Africana de Brandeburgo, que operó puestos comerciales en la costa de África y participó en el traslado de personas esclavizadas hacia América.

Por qué Argentina votó en contra
Desde la delegación argentina ante la Organización de las Naciones Unidas se argumentó que el país rechaza cualquier intento de establecer jerarquías entre crímenes de lesa humanidad. Según esa postura, el derecho internacional reconoce como igualmente graves hechos como los genocidios, los crímenes de guerra o los sistemas de persecución sistemática, por lo que calificar a uno de ellos como “el más grave de la historia” podría generar comparaciones problemáticas.
En ese marco, la posición diplomática argentina sostuvo que el país condena la esclavitud y el comercio de esclavos, pero que no comparte la formulación del texto por considerar que introduce una valoración histórica específica que no forma parte del consenso jurídico internacional.
Otra de las preocupaciones expresadas en el debate diplomático está vinculada con las implicancias políticas y legales que podrían derivarse de la resolución, particularmente en relación con los reclamos internacionales de reparaciones por el legado de la esclavitud. Aunque el documento aprobado no es vinculante, algunos países consideran que este tipo de declaraciones puede fortalecer demandas económicas o institucionales impulsadas por Estados y organizaciones de la sociedad civil.
La decisión está vinculada con las posturas de Israel y Estados Unidos, países con los que el Gobierno nacional consolidó una alineación en materia de seguridad, Medio Oriente y derechos humanos. A principio de año, Francisco Tropepi, representante de Argentina ante ONU, respaldó la detención de Nicolás Maduro. Tropepi apoyó la operación para llevar al expresidente a la Justicia y proclamó por la liberación de Nahuel Gallo, quien en ese momento estaba privado de su libertad.
Quién es Francisco Tropepi, el representante de Argentina ante ONU
Francisco Tropepi, nacido en Olavarría, es un diplomático de carrera que asumió como nuevo representante permanente de Argentina ante la Organización de las Naciones Unidas, en reemplazo de Ricardo Lagorio. Con una extensa trayectoria en el servicio exterior, Tropepi se desempeñó recientemente como encargado de Negocios argentino en Israel, donde consolidó vínculos con autoridades de ese país y ganó reconocimiento por su labor diplomática.
Su trabajo fue especialmente destacado tras el ataque del grupo islamista Hamás del 7 de octubre de 2023, cuando acompañó a familias de víctimas y rehenes argentinos. Esa actuación fue valorada públicamente por el embajador israelí en Buenos Aires, Eyal Sela, quien lo describió como un “Justo entre las Naciones”. La designación de Tropepi refleja además la intención del gobierno de Javier Milei de fortalecer el vínculo con Israel y alinear la representación diplomática del país con su orientación en política exterior.
“El texto no estuvo abierto a ninguna modificación, aporte o sugerencia. Había que votar a libro cerrado. Y la Argentina está en contra de calificar a la esclavitud como el delito de lesa humanidad más grave de la historia, dejando otros por fuera. La resolución tiene muchas subjetividades a las que no nos adherimos”, expresó Tropepi ante la ONU.
El peso histórico de la esclavitud
Entre los siglos XVI y XIX, se estima que más de 12 millones de africanos fueron trasladados por la fuerza hacia América en el marco del comercio transatlántico de esclavos. La esclavitud se convirtió en uno de los pilares del sistema colonial europeo y en un componente central del desarrollo económico de varias potencias.
La abolición formal de la esclavitud se produjo gradualmente durante el siglo XIX. En el caso de Argentina, la abolición se estableció de forma progresiva a partir de la Asamblea del Año XIII, que declaró la libertad de vientres, y se consolidó jurídicamente en la Constitución Argentina de 1853.
Sin embargo, historiadores y organismos internacionales señalan que las consecuencias sociales, económicas y culturales del sistema esclavista siguen presentes en la desigualdad estructural y en formas persistentes de discriminación racial.
Votaciones argentinas que generaron impacto
En noviembre de 2024, la delegación argentina fue el único país del mundo que votó en contra de una resolución sobre la prevención y eliminación de la violencia contra mujeres y niñas, aprobada por 170 Estados. El documento instaba a reforzar políticas para combatir distintas formas de violencia, incluida la ejercida en entornos digitales.
Ese mismo mes, el país también fue el único voto negativo frente a una resolución de la Asamblea General sobre derechos de los pueblos indígenas, que promovía el acceso a la justicia, la protección del ambiente y la preservación de culturas y lenguas originarias.
Otra votación controvertida ocurrió en 2025, cuando Argentina votó en contra de una resolución que condenaba la tortura “en todo momento y lugar”, una declaración que históricamente solía aprobarse por consenso entre los Estados miembros.
En el plano geopolítico, el país también se alineó con un grupo reducido de Estados al rechazar resoluciones vinculadas con el conflicto en Medio Oriente, entre ellas una iniciativa que exigía el fin del bloqueo en la Franja de Gaza y reclamaba la protección de civiles durante la guerra.
Además, en 2024 Argentina votó en contra de apoyar la incorporación de Palestina como miembro pleno de la ONU, una posición que marcó un cambio respecto de la política exterior de años anteriores, cuando el país había respaldado el reconocimiento internacional del Estado palestino.
Una declaración simbólica
Aunque el texto aprobado no es jurídicamente vinculante, este tipo de resoluciones tiene un fuerte peso político y simbólico. En el ámbito internacional funcionan como instrumentos para fijar consensos históricos, orientar políticas públicas y sostener debates sobre memoria, justicia y reparación.
Qué proponía la resolución
El texto fue impulsado por un grupo de países africanos y del Caribe que desde hace años promueven en foros internacionales el reconocimiento pleno del impacto de la esclavitud en la formación del sistema económico global moderno.
La declaración sostiene que la trata transatlántica de personas africanas, desarrollada entre los siglos XVI y XIX, constituyó un sistema de explotación de escala global que desplazó forzosamente a millones de personas hacia América y el Caribe. Durante más de cuatro siglos, ese sistema abasteció de mano de obra esclavizada a economías coloniales vinculadas a la producción de azúcar, algodón y otros bienes estratégicos para el comercio mundial.
Además de la caracterización histórica, la resolución propone reforzar políticas de educación, memoria y combate al racismo, y promueve el debate internacional sobre reparaciones históricas o medidas de justicia restaurativa.

